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Encina

Descripción

Quecus rotundifolia

La encina es “nuestro árbol”. La especie emblemática del bosque mediterráneo andaluz y representante de la etapa más desarrollada de nuestro ecosistema.

Es un árbol perenne de copa redondeada que alcanza 10-15 m de altura, con el tronco corto y la corteza resquebrajada de color gris oscuro. Presenta ramillas tomentosas. Las hojas son perennes, simples y alternas. con el limbo algo rígido y de forma muy variable (ovalado, aovado-oblongo o lanceolado) con el borde entero, dentado o aserrado (según la edad). El haz es verde oscuro y el envés más claro, tomentoso (piloso). Los rebrotes basales, así como las ramas inferiores de los pies sometidos a poda periódica, exhiben hojas con borde espinoso, preparadas para defenderse de los dientes del ganado y de los grandes mamíferos silvestres (ciervo, jabalí).

Las flores femeninas, muy pequeñas, nacen directamente sobre el tallo. Las masculinas forman largos penachos (conocidos popularmente como ‘moco’) en el extremo de los brotes del año. Ambas nacen habitualmente sobre el mismo árbol, tratándose por tanto de plantas monoicas. La bellota es de forma oblongo-cilíndrica, puntiaguda, de unos 2-3 cm de longitud. La cúpula cubre menos de la mitad del fruto. Florece entre marzo y junio y sus frutos maduran entre octubre y noviembre.

La encina es un árbol muy longevo, que puede superar los 500 años de edad en entornos favorables (ejemplares aislados en eras, dehesas, descansaderos de vías pecuarias o plazas de pueblo). Soporta mal el trasplante en las primeras fases de su vida. Es un árbol noble que da una agradable sombra. Soporta estoicamente las podas y, en estado silvestre, rebrota de raíz después de incendios ó talas.

Su distribución es mediterránea y está presente en la mayor parte de nuestro  territorio. La especie, Quercus rotundifoliaes propia de la península Ibérica y el norte de Marruecos, habiéndose citado de modo puntual en el sur de Francia y las islas de Mediterráneo Occidental. Habita en bosques y bosquetes esclerófilos, densos o adehesados, a veces mixtos. La encina crece sobre cualquier tipo de suelo siempre que éste no sea salino  ni esté sometido a períodos prolongados de inundación, resiste bien tanto temperaturas extremas como periodos largos de sequía. Las presencia de nieblas, rocíos y lluvias regulares en la montanera es fundamental, porque el fruto pierde en pocos días su capacidad de germinación si se deseca. Es la base de los pisos bioclimáticos termo, meso y supramediterráneo.

De todas las especies europeas del género, esta encina es la única que presenta bellotas dulces, habiendo formado parte de la dieta humana desde tiempos prehistóricos, y constituyendo el principal alimento de muchos animales silvestres y del afamado cerdo ibérico. La caída del fruto se produce ya avanzado el otoño, conociéndose bajo el nombre de ‘montanera’.

Los taninos de la corteza y hojas de la encina  se usan para curtir pieles, también tienen virtudes astringentes y cicatrizantes siendo útiles en el tratamiento de diarreas. Su dura madera, se utilizó en el pasado para fabricar los rayos y duelas de ruedas y toneles, además de ser pieza básica en la construcción de edificios, puertas, etc. Esta madera es además un excelente combustible.

Fue considerado como árbol sagrado en algunas culturas como la celta.

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Clasificación taxonómica

  • Nombre científico: Quercus rotundifolia 
  • Reino:                      Plantae 
  • División:                  Magnoliophyta 
  • Clase:                      Magnoliopsida
  • Orden:                     Fagales
  • Familia:                   Fagaceae
  • Género:                   Quercus